María Hernando Asensio
El modelo de franquicia es uno de los aliados más valiosos de la Administración Pública en su búsqueda constante de instrumentos efectivos para el desarrollo económico y social. Este modelo de negocio, en lugar de ser una mera fórmula comercial, ha demostrado ser un motor de crecimiento con efecto directo en la consecución de los objetivos clave de las políticas públicas, incluida la creación de empleo, la resiliencia de las empresas locales y la potenciación de la estructura empresarial.
Fomento de la resiliencia de las empresas
La promoción de un ecosistema empresarial sano y sostenible es una de las mayores preocupaciones de la política económica. El modelo de franquicia está directamente ligado a este objetivo, ya que ayuda a reducir los riesgos del emprendimiento en gran medida. Los empresarios tienen una mayor probabilidad de éxito ya que trabajan dentro de un modelo de negocio existente y tienen el soporte del nombre de marca de su franquicia. La disminución de la tasa de fracaso empresarial, a su vez, es un objetivo central de la política nacional, ya que se traduce en un incremento de estabilidad económica y confianza en el mercado.
La creación de empleo como objetivo prioritario
El objetivo más práctico e inmediato de toda política gubernamental es quizás la creación de puestos de trabajo. El sistema de franquicias muestra una capacidad sin precedentes en este terreno. La dinámica de apertura de nuevas unidades de franquicia da como resultado una contratación constante. Según el Informe de Franquicias de 2024 de la AEF, la industria creó 318.000 empleos en años anteriores, y la tasa de crecimiento fue de 4,8%. Estos números, no solo reflejan lo dinámico de la industria sino que también la convierten en un actriz clave en la consecución de los objetivos nacionales de empleo.
Asociación público-privada: la iniciativa de desarrollo local
El modelo de franquicia también está contribuyendo a revitalizar los centros urbanos y a dinamizar las empresas locales, dos cuestiones prioritarias para los ayuntamientos. La franquicia ofrece un marco idóneo de cooperación entre las administraciones públicas y las organizaciones empresariales con estos objetivos. Un ejemplo claro de ello es el Foro de Ciudades y Franquicias, a través del cual las administraciones locales pueden atraer inversión, modernizar su oferta comercial y crear nuevas oportunidades de negocio en la región. Esta sinergia permite que ciudades de todos los tamaños, como Toledo, Pozuelo o Palencia, se beneficien de la llegada de grandes marcas gestionadas por talento local en una relación beneficiosa para todas las partes.
Una de las herramientas de política social: fortalecimiento de la clase media e inclusión
Las consecuencias de la franquicia no solo afectan al ámbito económico, sino también a la política social. La democratización del acceso al espíritu empresarial, haciendo que más ciudadanos se conviertan en propietarios de empresas, contribuye a la consolidación de una clase media emprendedora, piedra angular de la estabilidad de toda sociedad y de su desarrollo. Además, han surgido otros modelos como la microfranquicia que tienen menos barreras de entrada y han demostrado ser un potente instrumento de inclusión social. El hecho de que este modelo haya sido reconocido por el Banco Interamericano de Desarrollo como una herramienta para luchar contra la pobreza subraya su importancia como herramienta para integrar a las personas con menos recursos en la economía formal para que puedan ganarse la vida.
En resumen, el sistema de franquicias es una herramienta poderosa y multifacética que se puede aplicar para lograr diversos objetivos de política pública. Es un socio estratégico de las administraciones que están interesadas en hacer sus economías sostenibles y equitativas a través de su capacidad para crear oportunidades de empleo, mejorar la seguridad empresarial, impulsar el crecimiento económico a través de las comunidades locales e incluso favorecer la inclusión social.
María Hernando Asensio
